Happyness

Enero 21, 2008 by Bonifacio Flores

La intimidad es tan hermética en este rincón del bar, que puedo tirarme un pedo sin que nadie se de cuenta. Sumemos a esta gracia que, por vacaciones o por recambio de personal, hay una moza nueva que ejerce una belleza obscena. Esto sucede pocas veces, pero la verdad es que hoy me siento satisfecho.

Regreso

Enero 15, 2008 by Bonifacio Flores

Transpiré tus recuerdos / a fuerza de calor / de vino blanco a la siesta / de un río seco / repleto / de soledades

evoqué tu mirada / podía verla / en el reflejo de la piedra / en la piedra

acaricié tus senos / mordí / en esa piel que no era tuya / tu sangre tu sabor y / mi vergüenza.

estoy de vuelta / y sé dónde no ir / estoy de vuelta/ y sé dónde / buscarte.

río de vino / río de piedra / y de vergüenza

I Will Survive

Enero 2, 2008 by Bonifacio Flores

Absolutamente resignado. Convencido de que no voy a recordar nada de lo que quería escribir, me he decidido a actualizar el blog, cueste lo que cueste (en este caso, creatividad, talento, etc.)

Se supone que estoy trabajando. En cierto sentido eso es cierto. No voy a entrar ahora en detalles laborales pero estoy en una pausa obligada. Mis aprendices me cubren mientras yo preparo el segundo café de la mañana.

La última jornada laboral del año amenaza con ser tan insípida como lo fueron las anteriores. Estoy cansado. Me siento viejo, me creció un pelo horrible en un lunar y estoy completamente convencido de que mis abdominales no son sexys, es más, ni siquiera tengo una pancita tierna.

Al medio día volveré a mi casa y prenderé el televisor para putear a Jorge Cuadrado. He tratado de racionalizarme, de tratar de entender por qué razón siento tanto desprecio por Jorge Cuadrado, pero  no he llegado a ninguna conclusión concreta. Pude advertir que las gotitas brillosas que le suelen brotar en donde iría el bigote, me joden mucho. También la cara de papo con la que mira a Lalo Freyre mientras espera que confirme alguna de sus conchudas opiniones. También me jode Lalo Freyre y la foto de la solapa del libro que escribió Jorge Cuadrado. Me jode también que lo haya escrito. No lo he leído y no voy a poder hacerlo hasta que haya superado algunas de estas aprensiones.

¿Por qué, entonces, no dejo de mirar a Jorge Cuadrado? Creo que la respuesta es que disfruto de este desprecio. Yo que él me cuidaría (se dice que tengo una edición de “El Guardián entre el centeno en mi mesa de luz”)

A veces tengo miedo. Me asusta la idea de encontrármelo en la calle y no poder guardarme todas las cosas que le diría. Le tengo miedo a las fuerzas del orden público.

No he tenido un año particularmente bueno. No ha sido, tampoco, particularmente malo. Conocí a algunas personas que me alegra haber conocido. He dejado atrás a otras que no me alegra haber dejado atrás. Me compré otro reloj y nuevamente no fui al dentista. Creo que eso es todo.

Lo estuve pensando muy en serio: Este Blog prácticamente no tiene lectores y el texto de hoy no hace más que confirmar lo acertadas que están todas las personas que no pasan por acá. No sé todavía si voy a hacer otro dedicado a la pornografía (es un tema que me apasiona y sobre el que he leído muchísimo) o si me resigno a la posibilidad de tener un canal propio y escribo directamente en los comentarios de los textos de la revista Peinate, de José Playo. Él sí sabe escribir, sí tiene lectores y seguramente no se va a quejar si lo soborno con una cuota de pornografía bizarra.

Pásenla bien ustedes y avísenme si hacen algo divertido.

El deber me llama y tiene voz de enojado.

Idea

Diciembre 29, 2007 by Bonifacio Flores

Tengo una idea genial. Todavía no la escribo. No creo que la escriba. Nunca llego a escribirlas. Las ideas geniales suelen ocurrírseme en el colectivo o en el inodoro y olvidárseme en la parada o en el bidet. De todos modos, no quería dejar de compartirlo con ustedes. Sé que deben estar llorando de alegría por mí.

Culos gratis!!!

Diciembre 20, 2007 by Bonifacio Flores

PeinateLPZ

Yo voy con una amiga a la que se la conoce como “La tanga más honda de Alberdi”. IMPERDIBLE.

(No le dije que era la presenteción de una revista porque no iba a querer ir, así que disimulen. No se va a dar cuenta).

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Café

Diciembre 17, 2007 by Bonifacio Flores

Convencido de que cuatro pesos con cincuenta son demasiado para un café con una media luna, me dispuse a disfrutarlo. El momento vale la pena.

Tres mesas hacia mi izquierda una rubia toma un café con un pelado con plata. Él tiene cara de pelado con plata y ella es más vieja de lo que ella misma cree: su cara está parcialmente estirada por lo que son, sospecho, diferentes operaciones. Tiene un escote generoso y por ahí se asoman unos pechos hermosos –los chuparía como a una naranja, pienso–; parecen suaves, se ven justo como deberían verse unas buenas tetas –seguramente son pura gelatina, pienso. ¡Qué gran invento!, pienso–. Me da risa la manera despectiva con la que se refieren las mujeres a otras mujeres que se han hecho las tetas: No son de verdad, dicen, Son hechas, dicen. ¿Y qué importa? Si le quedan bien no veo inconvenientes. Estas le quedan bien, es más, pienso que me quedarían bien a mí.

Hacia adelante hay un viejito muy hecho bosta. Se lleva el café hacia la boca y lo deja ahí, abre un poco los labios y asoma la lengua. Lo hace con vergüenza, queriendo que no lo vea nadie pero sin preocuparse demasiado. Con la lengua toca el borde de la taza. Lo hace varias veces antes de dar un sorbo, supongo que para sentir la temperatura.

La medialuna era salada, deliciosa. El café, mediocre.

Un vidrio nos separa de la vereda y contra ese vidrio una señora de vestido azul espera a alguien. Tiene dos ramitos de jazmín y un vestido azul. Hoy tiene dos ramitos de jazmín y siempre tiene un vestido azul. No sé a quién espera, supongo que a alguien que ella sabe que no va a venir. Nunca la vi con nadie, ella ya está en el bar cuando yo llego y sigue ahí cuando me voy. Tiene el pelo recogido y la mirada triste. Mira para afuera y no ve nada.

La tarde se va apagando al ritmo de un unplugged de Sheryl Crow: Leaving Las Vegas. Esa canción no podría sonar mejor. Me gustaría que no la pusieran todos los días.

Carta Abierta Al Flamante Señor Intendente De La Ciudad De Córdoba

Diciembre 11, 2007 by Bonifacio Flores

Flamante Señor Intendente: Hay olor a caca.

Cuando uno piensa en la palabra flamante se le viene a la cabeza la idea de “olor a limpio” u “olor a nuevo”, pero usted, flamante señor intendente, con ningún olor puede tapar el olor a caca. Esto no es un agravio –aunque tampoco me molestaría que lo fuera es una apreciación, es más, es casi la única apreciación que puede hacerse, porque uno sale a las calles de Córdoba y se da con que hay un terrible olor a caca y después de eso los sentidos ya no dan para mucho más.

¿Cómo es posible que no hayamos sido advertidos de que algún día toda la caca iba a salirle a Córdoba por los poros? ¿Cómo es que se permitió que eso sucediera? Porque sin lugar a dudas hubo alguna alteración que afectó el equilibrio que mantenía el ambiente con las excrecencias.

Señor intendente, usted no me jode particularmente, o sí, pero no más que el nuevo gobernador o la nueva presidente (no “president-a”, turra ignorante, se dice “la presidente”). Lo cierto es que en este nuevo período tanto el gobierno municipal como el provincial y el nacional, huelen a rancio. ¿Cómo es que toda la ciudad de Córdoba votó a lo que se ponía rancio? Respuesta: El olor a caca tapaba el olor a rancio (hay otra teoría que habla de que son todos unos pelotudos, pero la dejaremos para otro análisis). Sea como sea, ya han ganado ustedes sus elecciones, más o menos demagógicamente y hoy por hoy el olor a caca ya no le es funcional a nadie y sin embargo sigue estando; es más, se está mezclando con el olor a rancio. Por ejemplo: En el centro hay olor a caca dura y a medida que nos dirigimos hacia Nueva Córdoba el olor va mudando a caca blanda, mientras que para el lado de Alberdi se parece más a olor a cola.

Flamante Señor Intendente Giacomino: No le voy a decir qué es lo que quiero porque usted está muy lejos de poder conseguirlo –y eso que no me refiero a mis sueños cochinos, así que voy a limitarme a lo básico, a lo que no hay cordobés que no quiera, ni siquiera uno, para crear la minoría democrática: No quiero que Córdoba tenga olor a caca. A los turistas no les gusta que Córdoba tenga olor a caca. A los Cordobeses no les gusta tener olor a caca. A los hinchas de Belgrano y a los chinos del supermercado de la Colón no les gusta tener olor a cola.

Si no puede conseguir el anhelo de la totalidad de los cordobeses (y creo que es la única vez en la historia que va a tener esa unanimidad), no creo que pueda hacer gran cosa.

Dos cosas más: primero, le advierto que con obras pelotudas no se va el olor a caca. Segundo, le estaría muy agradecido si pudiera usted hacer que saquen el banner luminoso de La Voz del Interior que está en Colón y General Paz. Ya me estoy volviendo loco y es probable que me cruce al call center del frente y mate a alguien.

La Felicidad Se Parece A Esto

Diciembre 10, 2007 by Bonifacio Flores

Estas cosas me emocionan. Creo que voy a llorar. Es increíble cómo cosas tan simples como éstas pueden llenar el hueco en el corazón que cargan algunos pobres diablos.

Tomaba hace un rato un café en el bar de un restaurant que se encuentra sobre Av. Gral. Paz, entre 9 de Julio y Colón, y mientras me comía una medialuna salada empecé a sentir una extraña sensación, algo así como cuando uno estruja una esponja, pero en mis intestinos, más bien cerca del orto. Ése fue el comienzo. Intenté postergar la urgencia, a veces el cuerpo absorbe las porquerías y las guarda para más tarde, pero era ya muy tarde para cualquier tipo de absorción. Dejé enfriándose el café y me dirigí al toilette. Voy a dejar los detalles escatológicos de lado, pero no sólo mi organismo demostró una vez más que funciona a la perfección con la inmediata respuesta al menor estímulo de mis esfínteres, sino que, como broche de oro, había bidet. Sí, de verdad, había bidet, y todo parecía tan impecable que podría haberme lavado la cara ahí mismo de haberlo necesitado. Lo recuerdo y me vuelve al cuerpo esa sensación de efímera alegría.

Cuando volví a la mesa el mozo se ofreció a llevarse el café y cambiármelo por otro caliente. Me negué en un gesto de agradecimiento, en un gesto de compasión porque el baño que yo había dejado atrás en nada se parecía al baño que me había recibido y no estoy hablando del panta rei.

Uno no está preparado para este tipo de sorpresas. La guía de fin de semana de La Voz del Interior, debería tener una columna sobre los baños de ciertos locales. Al de hoy, yo lo calificaría con 5 mingitorios (le faltaba un baño de Carlitos, o algo así, como para disfrazar la atmósfera).

Pienso terminar la jornada con esta alegría. No me sentía tan feliz desde que el médico encontró el testículo que me faltaba (se me había ido hacia arriba).

Una experiencia para compartir.-

El Más Acá

Diciembre 4, 2007 by Bonifacio Flores

Todo es asquerosamente blanco. Alguien debería advertirnos de esto cuando todavía sirve de algo. Ni ángeles ni demonios ¡Me cago en todo! Si existía una sola puta razón para anhelar la muerte, ésa era conocer por fin de qué carajos se trataba. Se los digo ahora: Acá no hay nada. Cielo e infierno no existen. Esto definitivamente no es el infierno, así como no existe tampoco ninguna posibilidad de que yo hubiera ido a parar al paraíso. Todo es blanco. Todo. No se distinguen las distancias, aunque eso es irrelevante porque no hay hacia dónde ir. Les cuento un poco más: Lo del alma, también era chamuyo. Uno viene a parar acá con el cuerpo que tenía cuando estiró la pata, pero entero. Me encontré con un viejo que tocaba la guitarra en la legislatura y le faltaba una pierna; ahora la tiene. Yo soy tan joven como cuando me morí y la mayoría es tan anciano como en su último día; se imaginarán que no abunda la “gente linda”. Acá hay muchas personas, sospecho que todas las personas que ya no pertenece al mundo de los vivos, pero desparramados. Esto parece ser grande, no estamos amontonados.

Lo peor es que acá uno no tiene nada. No ya lo material que, en última instancia, era de esperarse, sino que ya no se le permite a uno ni siquiera sentir emociones, según se dice, porque no tiene sentido. Por ejemplo, hay una ventana desde la que se puede ver el mundo de los vivos. Yo estaba mirando el barrio en el que viví durante mi infancia y veo que aparece una mocosa de unos 8 años, la hija de doña Higa, la tintorera. La nena va cruzando la calle y se la lleva puesta un Ford Taunus. La destruye, la revienta, vuela… y yo no sentí nada ¿y para qué iba a sentir algo? No sé, para sentirme vivo, supongo, pero acá no hay lugar para las paradojas. Nada nos da alegrías, no hay tristezas, no hay apuro, no hay añoranza, bienestar ni malestar.

El viejo de la pierna siempre habla de que cuando llegó acá le devolvieron la pierna y le cagaron la guitarra. Dice que es una broma cruel, que se cortaría las manos… si le importara, y después se queda hablando de la rabia que todo esto tendría que darle y de cuánto le jode que, en realidad, le resulte indiferente. Peor aún, le gustaría que le jodiera, pero ni siquiera eso.

Yo pensaba que al existir esa ventana podría aprovechar para, qué se yo, mirarla a Angelina Jolie en bolas, ponele, pero acá no hay apetitos, ni siquiera quiero intentarlo porque no soportaría estar, digamos, viendo cómo se enjabona las tetas y no sentir nada.

Este lugar es una mierda. Se parece a la escenografía de ese programa cultural que daban en “Canal a” en el que sólo había un sillón, pero sin el sillón. Tampoco tenemos “Canal a”, no hay cable, no hay nada.

Aprovechen ahora. Aprovechen sobre todo ahora que saben que nadie va a hacerles pagar por sus pecados, que nadie va a premiar sus buenas acciones, aprovechen porque morirse es lo peor que puede pasarles y de todos modos les va a pasar.

Another Day In Paradise

Diciembre 3, 2007 by Bonifacio Flores

El zumbido me está matando, tengo la desgracia de vivir justo detrás del cartel luminoso que puso La Voz del Interior en Colón y General Paz para pasar titulares desinformativos. Ya no me importa nada, no quiero vivir, no quiero saber por qué ronda de qué puto torneo anda Nalbandián ni tampoco me interesa que Schiaretti piense que la reunión que tuvo con Kirchner le pareció “satisfactoria”. Por favor, ¿qué clase de noticia es esa? Schiaretti piensa que la reunión con Kirchner fue satisfactoria. Quiero agarrarme los huevos con la tapa del inodoro. Sinceramente, al ser humano promedio no le interesa que mierda pueda pensar Schiaretti, no ya de sus reuniones con el presidente, sino absolutamente de nada.

Ya probé varias cosas, cortar los cables desde la ventana (sólo consigo apagar uno de los paneles que forman el cartel), desatornillarlo y venderlo por internet. Nadie lo quiere, los entiendo.

Frente a mi ventana, cruzando la calle, en el edificio del Correo Argentino, hay un call center. Los call centers han creado una nueva tribu en la fauna urbana, las boluditas de call center. Desde mi ventana puedo verlas, salen a fumar un pucho a la vereda y hablan del call center, muchas tienen buenas gomas y todas hablan como taradas, uno va a una fiesta y los que pertenecen a este gremio están todos juntos, hablan de sus call centers, de sus equipos, de sus coordinadores o leaders, quele dicen, cómo los odio. Cuando me siento depresivo como ahora, sólo me tranquiliza odiar en silencio a la gente de los call centers. Cuando los veo desde mi jaula metidos en esas cajitas de zapatos en las que trabajan, siento que mi vida no es tan mala; no es cierto, pero el engaño me sirve para disipar la bronca que me da la certeza de que si salto desde acá, me va a doler mucho, pero no me voy a matar.