Gym Tonic

By Bonifacio Flores

18 horas frente a una computadora durante los últimos 5 años me han vuelto un ser bastante insociable, además de procurarme un abdomen medio fofo que ya no es ni siquiera simpaticón. Por esto y porque no se me ocurrió otra cosa, me dejé convencer por unos compañero de trabajo para empezar a ir al gimnasio. Hacía años que no pisaba uno; lo recordaba como una experiencia aborrecible pero no exactamente por qué. Todo vuelve a mi memoria.

Salimos de trabajar como a las 13:30, fuimos a almorzar y como a las 14:30 arancamos para el gimnasio. Primera razón para odiarlo: coincide con la hora de mi siesta, esa porción sagrada del día de la cual depende que el resto de la jornada yo no sea un inservible.

Llegamos al gimnasio y, como buen pajero, un piensa, <por lo menos se podrá ver un par de minas en calzas, culos duros como un coco y tetas suspendidas en corpiños deportivos>. Resulta que no. En este puto gimnasio no hay actividades muy femeninas (aerobics y esas boludeces) sólo hay pileta y aparatos (ni siquiera voy a dedicar un párrafo a las minas de la pileta porque las mallas enteras no son sexys y además, están todas para atrás. Eso sin tener en cuenta a las viejas, los viejos, los pendejos y los gorros de baño).

Continuamos con la odisea. Algo bueno; a la hora de la siesta nadie va al gimnasio. Puedo desplegar sin avergonzarme un pantalón flojo y una remera hecha mierda.

Cuando estoy en el último suspiro de la última serie de pres de banca (la cara desfigurada por una mueca que expresa el esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo por levantar una barra con muchos menos discos que los que utiliza el alfeñique más patético del gimnasio) caigo en cuenta de que lo que estamos escuchando es la 100.5. Siento en mi interior un veneno que me sale por los poros, que me llena de furia, que hace que no tome las mancuernas más livianas, sino las que le siguen y me ponga a hacer bíceps desenfrenadamente mientras pienso en cuál puede ser la pose más dolorosa para realizarle una tortura sexual a Gabriela Tesio. De repente, algo mejora. Los espejos trucados que cubren las paredes empiezan a hacer efecto. Siempre fui más bien flaco, así que con un poco de estimulación los músculos de los brazos ya empieza a marcarse, me estoy volviendo bello, bello y deforme porque el mismo efecto del espejo que hace que a uno se le vean los brazos más anchos, hace la cara se me vea como si hubiera dedicado mi vida al boxeo y me hubiera ido mal en cada una de las peleas. Dentro de todo, poder sacar mi ira en forma de insultos sin sentido me divierte un poco con mis amigos (Se los digo acá porque no estoy acostumbrado a esta sinceridad: ustedes dos no van a tener forma de personas ni aunque pasen el resto de su vida en un lugar como ese, igual me caen bien. Uno más que el otro, pero soy el jefe y no puedo hacer diferencias).

Pasa una hora, una hora y cuarto. Estamos haciendo abdominales. Estoy convencido de que no tengo más remedio que hacer abdominales, de que mejorando mi abdomen hasta podría levantarme a la cajera del súper que se excita cuando le pago con moneditas. Hago cien, hago doscientas, hago 900 abdominales, me pongo de pie, pelo la panza frente al espejo y me doy cuenta de que nada ha cambiado. La escena es bastante patética porque a esa altura ya hay más gente en el salón (un salón inmundo, por cierto) y porque pegado en el espejo de esa pared hay un afiche que promociona la elección de la reina del durazno en no sé qué localidad de por acá. Me siento abatido, me siento humillado, me siento cansado, odio a mis amigos, odio al resto de las personas que están en el gimnasio (sobre todo a un renguito que me mira feo), odio a Gabriela Tesio y me convenzo de que no voy a volver, de que nunca voy a volver a traicionarme a mí mismo de esa manera. Antes de irme vuelvo a mirarme en el espejo y me doy un chirlo en el culo. Firme como un melón.

8 comentarios para “Gym Tonic”

  1. gaby Dice:

    jajajajajaj que bueno!!!!!! che que cosa lo tuyo deja de sufrir ,aparte hay una ley que acabas de romper… “la siesta es sagrada” y eso es una falta muy grande, yo ayer estaba en el dilema de ir a yoga a las 15.00 hs cuando salgo de la oficina o a las 17.00 , y primerio la siesta …
    Bueno antes de irme me pego un chirlo y esta firme como flan serenito…. un beso….

  2. La Lau Dice:

    Bueno Boni, veamosle el lado positivo, tenés el culo duro con un melón…
    Jajajjaaj!!!
    un beso señor

  3. Gloria Dice:

    Los profesores de aeróbic, aerobox, step y todas esas gimnasias para histéricas subnormales, me irritan. La música de los gimnasios, me irrita. Y las minitas que estan una hora en la bicicleta con la botellita de agua, me irritan. Parece que después de dos o tres años me olvido y vuelvo a empezar musculación (así puedo pasar la jornada sin tener que interactuar con nadie) pago el mes, me compro calza nueva y dejo después de la tercera clase.
    En pilates duré un poco más, confirmé mi prejuicio de que es gimnasia de cheta vaga, pero me acomodé. Oía las conversaciones de mis compañeritas con arjona de fondo y hasta me resultaba gracioso. Creo que le gustaba a mi profe, porque me ponía de ejemplo para explicar ejercicios y me tocaba notablemente más que al resto. A mí me gustaba también, pero me daba vergüenza y no fui más. Una lástima.
    Estoy pensando en empezar natación ahora, me voy a comprar una malla…

  4. Bonifacio Flores Dice:

    Gaby: Cuando era pendejo hice un mes de yoga en el Sendero por problemas de columna. Con sólo 8 clases podía contorsionarme hasta besarme el culo. Mis compañeritas eran todas viejas (muy viejas) de cinturon negro (ahí hay que hacer con kimono). Es gracioso cómo se cagan y se duermen en el momento de la relajación. Podés hacer yoga a la hora de la siesta y dormir ahí. Dos pájaros de un tiro.

    Lau: …y el tórax como caparazón de tortuga.

    Gloria: Los profesores de esas cosas, se la comen.
    Nunca entendí lo de la bicicleta. Soy la prueba viviente de que eso no hace nada. Más vale ir trotando al gimnasio (yo, por lo general, voy fumándome un pucho, como para juntar coraje).
    En una época fui a un gimnasio en donde la instructora no me dejaba ir ni un sólo día sin tocarme. Cuando me iba escapando, me decía ¿elongamos? y le brillaban un poco los ojos. Sí, yo también lo disfrutaba.
    La malla, cavadita.

  5. gaby Dice:

    muy buena idea… que feo eso de lso gases de la señoras.. muy feo…. jajajajajjajaja un beso

  6. La Lau Dice:

    Bien ahi!!!!
    te felicito

  7. Euge Dice:

    No podría traicionarme a mi misma de esa manera, jamás!!!. Ir a un gimnasio es lo más terrible que hice alguna vez… el olor, el encierro, los espejos puestos para torturarte, el sacrificio en su máxima expresión!!. Yo si no lo disfruto no hay forma de que haga algo, a menos que me paguen (como mi trabajo). Hice yoga y se armaban grupos muy copados, increiblemente, personas menores de 60, pero ¿gases? nunca!, igual la profe ponia sahumerios con olor a incienso todo el tiempo, es una buena estrategia ¿no?
    abrazo!

  8. Gloria Dice:

    ¿Y? ¿Ya estás tomando licuados proteicos con clara de huevo?

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